lunes, 19 de octubre de 2009

Satánico Paco Tour 2009




Lo he contado tantas veces, que corro el riesgo de deformar a tal punto la historia, que se convierta en mi mito, en una proeza dudosa.
Planee mi ida a los Cadillacs como ningún concierto, porque no he ido a uno multitudinario, por lo que era meritorio hacer tanto escándalo. Como la puntualidad no es mi fuerte, ni el de mi acompañante tampoco, nos quedamos sin entradas.
¡Que mierda hacemos!, las ideas más freaks asomaron en el encéfalo de mi media naranja… ir a Concepción a dedo, asaltar a una pareja con entradas, hacernos pasar por pacos, comprar tickets por Internet, disfrazarnos de yoqueta y equino… whatever, la cosa era entrar al club hípico a como diera lugar.
Como ninguna de las ideas funcó, el domingo, seep, aquel domingo fatal, me levanté con un caracho de aquellos míticos, de cuando te avisan que para tu cumpleaños hay prueba, que te rayaron tu disco favorito, que simplemente todos van a estar saltando las canciones de los Fabulosos y yo me quedo en San Philip mascando polvo.
Pensando en los malditos avispados que compraron a tiempo su ingreso a la gloria, se me prendió el farolito. Llamé a un amigo pa preguntar: ¿qué ondi? Me contestó que pensaba entrar a la fuerza si era necesario, pero que no me preocupara, “la reventa está a 20 lucas, vente pa acá”.
Ni que quisiera ir, tomé un Pullman Bus, de esos pasados a baño, como dos horas después que me quise ir. Dos guaguas lloronas llevaban una sinfonía ingrata, cosa soportable hasta que se subieron dos viejas curadas. Estas señoras de dudosa calidad, hablaban con la papa caliente pero se les caía la carnes de vez en cuando.
La tipa demasiado ebria para hilar argumento, se puso a echar la caballada encima, que conocía a un tal Jesús, que el conchatumare del auxiliar sabía a cuál Jesús se refería, (¿habrá sido Ese Jesús?) ese que lo iba a dejar sin pega. Puff, entre tanta amenaza y la cacha de la espada llegamos a Sor Teresa.
Acá es cuando yo pensé que vendría el Jesús a sanar a los enfermos del bus, pero nada. Estuvimos parados 40 minutos, no entendí para qué si la vieja ni se calló, ni se largó, se estuvo entreteniendo con mi espalda a punta de patada en el asiento. Aguanté unos 3 minutos y me bajé del bus.
Me monté en otro, el de una hora después… chata, llegué a las 8.45 p.m a Santiago. Sin sospechar lo que se me venía, le hablé a mi amigo exageradamente de mis venturas y desventuras. Nos encontramos con sus amigos, 6 de 7 pudieron entrar, una calderonada de aquellas, pero bueno, hay gente que vota y vive para excluir a otros. La Ceci (la 1 de 7 que no entró) se unió a mi y mi amigo. Los tres dando botes, ofreciendo al viento plata para una entrada y nada.
Comenzó a inquietarme la invasión policial. Como si estuviéramos en el día del carabinero… había pacos a caballo, en moto, a pata, en guanaco, en juanita, en zapatilla, en auto de paco, pacos a furgón… sácate un paco… eso si, no vi ni en scooter ni en skate… raro.


En eso, dos pacos a caballo nos acorralan. Uno de ellos para decir con voz de típico prototipo de viejo de pobla: “oye cabrita (por la Ceci) vo no vai a entrash sin entrá, hay estao todo el día acá gueviando, pero no te vai a colar. Así que crucen no mah”.
A lo que Wla (mi amigo) dice: pídale disculpas, porque ella es una dama, y hay otra más acá presente… (bla bla). Para cagarse de risa, el Wla todavía piensa que se puede hablar con un caballo.
Nos largamos de ahí para dirigirnos a las caballerizas. Allí y durante todo el día, estuvo colándose gente. Miramos, inquietos, la adrenalina era una experiencia por si misma. Alerta por si había cualquier grieta por la cual meterse, vimos correr a mucha gente, entre ellos, a más amigos de Wla.
Nos contaron que una vez dentro de la caballeriza, esperaron la señal, el grito de alguien resonando “ahora cabros”, todos corrieron a su meta, como polillas a ampolleta de 100 watts marca Phillips… la marcha se detuvo como quien dice de golpe y porrazo, porque estos salvajes de los pacos soltaron a los perros, y se los tiraron a esos pobres fans que se quedaron sin entradas como yo… ¡para no creerlo!
Se juntó una masa mas o menos afuera de las caballerizas, éramos muchos al lado del escenario, usando la imaginación para creernos adentro. Ya se escuchaba a Vicentico, el de la voz prodigiosa, la alegría de los que estábamos afuera no se podía frenar por un par de murallas.
Mientras escuchábamos los temas, empezaron a llegar. De un momento a otro esa calle era un cuartel. Todo el contingente vino a nuestro encuentro, me dije, que guena onda los pacos, no sabía que fueran pachangueros. Me imaginé un mundo ideal donde los jóvenes toman vino con fruta en una gorra de paco. Mis alucinaciones se difuminaron cuando se escucha desde un parlante: “jóvenes, dispérsense”
Plop, ni siquiera eso es gratis hoy en día, escuchar desde afuera como otros lo pasan bien. Empezamos a caminar de mala gana cuando me doy cuenta que a uno como yo le están pegando brutalmente en el suelo.
Los gritos brotaron de los labios de Wla y sus amigos sin esfuerzo. A mí me costó más, es que nunca le había gritado a un carabinero y estaba choqueada por la escena. En eso viene un furgón a tapar lo macabro, y en su intento o a propósito (cómo saberlo), atropella a otro como yo. Vi cómo lo quebró, cómo le pasó el auto encima al pobre cabro. Nunca le había gritado a un carabinero, pero… sorry, en ese momento no atiné más que aullar con todas mis fuerzas: asesinos.
Mientras me obligaban a correr, gritábamos a coro, pacos, culiados, cafiches del Estado, iba de lo mejor coordinando ambas empresas, cuando comienza el chorro. Directo a la cabeza, certero guanacazo en mi espalda, en el culo, las piernas, todo me comenzó a arder como cuando me dio insolación, pero elevado al cubo. La cara se quemaba, la respiración agitada me indicaba que a ese ritmo no podría seguir por mucho tiempo. De pronto, paro en seco… había quedado ciega. Sí mi chico, he quedao ciega… crucé calles y avenidas sin ver un coco…
Me pregunto, ¿hasta cuándo financiamos esto? Ese ácido que nos echan en el cuerpo es abortivo, altamente tóxico, no se ha declarado cuánta es su concentración, y sus componentes que, una vez aplicados continúan activos durante 8 horas, fueron prohibidos en países desarrollados.
¿A nadie le importa que no podamos actuar? ¿Qué nos reduzcan hasta casi matarnos? A mí si, y desde aquí les digo: este abuso de poder se revertirá pacos de la mismísima mierda.

sábado, 17 de octubre de 2009

Previa a un concierto


Y pensar que uno podría esperar ciertas cosas toda la vida, no creo que exista una forma distinta de vivir en todo caso, si no hay esperanza para qué se vive entonces.

Eso lo pienso al hablar de las rutinas, se podría decir que son pequeñas esperanzas o creer que es parte de los muchos cable a tierra que te atan quienes necesitan de ti. Desde profesores a feriantes. Todos te buscan, para llenar un puesto en un aula, para vender productos, transportar a alguien, curar, gobernar, convencer, alimentar, estafar, insultar, amar... todo el tiempo los otros te necesitan para sentir que son útiles.

(Hace poco supe que la mayor cantidad de universitarios que tienen algunos países son estudiantes de intercambio. Así de viejo el viejo continente que está necesitando a toda la prole latina para llenar sus pupitres destinados a potos intelectuales. Nó recuerdo el porcentaje exacto, pero algunas universidades de España tienen más ex-colonos que españoles en sus salas).

Asimismo pensé si los músicos me usan también, o mejor si algunos amantes de ciertos músicos me utilizaban para proyectar sus gustos. ¿Me impusieron lo que escucho? O simplemente responde a cierto instinto, como si algunas melodías activaran cierta membrana, qué se yo, cómo es posible que a una universitaria le guste la pachanga, si lo normal sería la musica docta, tal vez el rock clásico, esos grupos sin los cuales "no se puede hablar de música". Sin embargo, con qué gracia muevo la patita, cuánto me gustan algunos estribillos de cumbia, y qué tan pegajosa puede ser una canción de reggeaton como fashion girl (estoy sonrojada, si, pensé que nunca llegaría el día en que reconociera públicamente que esa canción, el ritmo, simplemente me pone de buen humor).

Y así, me pasé gran parte de un año pensando si los Fabulosos Cadillacs podían sin mas ser mi grupo favorito. No lo sé, este año no sé nada, me di cuenta de eso. No sé sobre lo que piensan los otros, sobre lo que pensaron en algún momento y plasmaron después. Sé tan pocas cosas, no sé nada de mi. Sólo tengo algunos datos en alguna parte. Son tantos que deben estar pegados y aplastados, mucha cosa sin procesar, harto material para reciclar. No sé (me encanta decir no sé), creo que sí, al final llegué a la conclusión de que los Cadillacs me gustaban, harto, y que quería verlos en vivo a como diera lugar. En el otro post explico eso... Wtf